viernes, 3 de diciembre de 2010

EL VIAJERO


Escondido,

como un sueño entre las nubes.

como la ceniza hambrienta,

escondido.

jueves, 2 de diciembre de 2010


*

Hoy he caminado y he visto caminar

a la vida como el amor volaba.

He visto tanto que se borra mi recuerdo

y me adormece el día.

El día pasa triste y

con rosas marchitas.

Es otro sueño, otra mirada que

recuerda una palabra.

Eso fue, una palabra me abrazó

entre paso y paso.

Vimos llanto y alegría.

Vimos recuerdos ausentes,

y le contábamos al viento cuánto sueña un hombre.

La palabra marchó y no busqué otra.

Paseé solo, inquieto,

con el corazón húmedo y el rostro pálido.

Era preciso mirar por la ventana,

sentir la brisa, y descansar los pies

en la arena.

Enterrarlos profundamente

en la tierra.

Llorar con la vida y vivir con el llanto...


Eso fue todo.

Un camino bostezó y yo soñé en su canto.


*

Volvió la palabra a la noche

como si acabara la jornada.

Entonces la enterré con mis pies

y con la arena fría, y la busqué

luego.

Ya no estaba.

Leí al mundo de poesía para encontrarla.

Pero era mi palabra.

Todavía era mía.

Estaba

tan sólo buscando mis manos

y mis versos.

La oí por última vez mientras

moría con el cielo de noche.

La muerte me acompañó entonces

tras la vida.

Paseamos juntos.

El escalofrío fue terrible

y consolado.

Era entonces un amor.

El final odioso que acompaña a la vida,

como un opuesto ser que llora y que bosteza;

“Vamos” dijo la muerte.


*

Vaga, alma, vaga,

con la última palabra.

Con el sueño renovado;

con un beso.

Pide que alienten tu paso,

y deja a la vida en secreto.

Será nuestra. Sólo nuestra;

para que nadie la robe.

Ya no hay alba ni hay ocaso.

Un paso más y otra palabra

acabaron sin rumbo.

Pura, la vida, sin nada;

sin ocaso o sensación

resbaló entre mis manos.

Mantuve mi pecho helado,

y el corazón húmedo de llanto.

No es ahora, Tiempo, un instante perdido.

Sueño como ayer.

Yo sueño con una palabra;

con una sola.

Ella es mía, ya lo era antes.

Lo fue y lo será porque

volverán mis manos hacia ella,

como una brisa helada sonando

en la mañana.

domingo, 21 de noviembre de 2010

¿Qué es una palabra sino una sensación?
Y entonces comprendí que la vida sin ser
es un todo.
Ah, de las almas amadas
que ya no aman.
Se fundieron las luces oscuras
y ocultabanle el olor al viento.
El placer del sentimiento amado;
señora, es mi llanto, sí,
por no aparecer de súbito.
Es mi rayo de sol en su ventana
que ya no es amado.
Como un alma triste vuelo por espesos
mares de tierra helada.
Canta, rostro, conmigo;
una vez más.
Antes de que el sol hiriente
envejezca nuestro cuerpo
y nos deje el alma desnuda.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Del sueño




- “¡Ay, amigo mio! Lo que es el corazón del hombre” Decía… decía Goethe. Y qué es el corazón del hombre. Qué sino un abrazo sin abrigo, un poblado sin almas, una vida sin aire. Ay, dime más amigo. ¿Encontraste algo? Tengo que oírlo.

- Y sin embargo ensordeces tu alma. Ay, amigo. He de hablarte reflexivamente, como tú me has hablado. He de hablarte, con el corazón, del corazón. Amigo mio, piensa en como la vida puede herir al más duro y pesado de los habitantes mundanos. Oh, ¿Encontraste el dolor? Ah, la retórica cuestión; el hombre herido camina sin retorno por el corazón abierto y desgajado, camina, camina…

- Ya menté a Goethe y al romanticismo que hiere de silencio el alma.

- ¿Hablas de sueños?

- Hablo del sueño.

- ¿Cuál?

- Calderón y el sueño. Estimemos la vida y el corazón del hombre con el sueño. ¿Qué vale un sueño? Me gustaría afirmar sin redundancia que el que sueña vive con el sueño y despierto vive muerto. Pero si el amor nos duerme, qué será la vida sino amor; amor al mundo, a la vida, y amor enamorado. Pues en el sueño dormido vive el alma apasionada. Así es todo, querido amigo.

- Hablas de sueños cual pintor embaucado en la obra. Sabes que sueñas, y en efecto hablas del sueño como el común vínculo del hombre. Mas no concibes tu inacceso a otra mente. Tus palabras entonces hacen de un particular un general; una parte por el todo. Largos lustros pasará el hombre concibiendo la vida como generalización de lo particular. Y sin embargo, ¿Cuán engañosas pueden ser las palabras de un hombre? ¿Qué compartir con palabras más que una idea de experiencias exteriores contaminada por la propia experiencia? ¡Ay, amigo mio! Vuelvo a ser reflexivo.

- Debe ser reflexivo en sus palabras. Mas le diré incluso que el sueño, con mi experiencia en la mano, es lo más parecido a la muerte; pero aun más vivo está el soñador que el que sueña. Es decir, un soñador siempre sueña, y por tanto siempre vive. El que sueña, sin embargo, está atado a una temporalidad que le hace estar muerto.

- En efecto, Bukosky.

- Quizá debamos resignarnos, o mantenernos vivos soñando.

- Al fin y al cabo Bukosky, no es más que un sueño.

- Non è più che uno sogno.

- ¿Sabe italiano Bukosky?

- Brian, hay muchas cosas que aún no le he dicho.

- Supongo que tendremos tiempo de hablarlo.

- Sonrío Brian. Debo ir a soñar o no me cogerán vivo.

- Sea un soñador, Bukosky.

- Arrivederci Brian.

- Adiós Bukosky, adiós.

Un

Es la primavera.

Tú y el mar, sonámbulos, muertos,

en el invierno poderoso.

Cerrarás los ojos

y se abrirá el alma

de la anciana muerte.

Las montañas sufren en mis pasos

de hielo muerto en la bravura.

Levantan y queman clavos los áridos paisajes,

y mi vista espera.

Nunca traerás la primavera,

alma gélida.

Nunca verá el mar mis ojos

sin sentir el humo ardiente

del rostro que arde conmigo.


jueves, 11 de noviembre de 2010

You can never hold back spring...



- Será la vida. Ella me hiere, querido amigo. No vivo por placer, eso nadie lo hace. Te lo aseguro. Ni de coña. Llevo sombrero, sí, es una manera de decir al mundo “¡Hey! Aquí estoy, y me gusta”. ¿Sabes? A veces tengo que caminar, así puedo hablar solo. Ya nadie habla solo Lenny. La música siempre ha sido algo así. Pero no quiero seguir hablando de mí, ¿Tienes un cigarrillo?


- Lo he dejado.


- Eso está bien. Yo lo he dejado también, sólo fumo para callar el hambre. Nadie debería fumar… ¿En serio no tienes ni un cigarrillo?


- Te he dicho que lo he dejado.


- ¡Mierda! ¿Sabes? Ahora sí que me fumaría un cigarrillo. Lo había dejado, hasta que me contrataron para hacer esa maldita peli con Iggy. Joder, ya no puedo ni sentarme bien, estas sillas son una mierda. ¿Sabes lo que voy a hacer? Voy a levantarme y a decirle al camarero lo que pienso de esto. ¡Camarero!


- ¿Desea algo, señor?


- Pues claro que deseo algo. Deseo que vayas a casa, que le eches un polvo a tu novia, que lo hagas sin condón, y que me digas, con mente de padre, si de verdad quieres que cuando tu hijo sea mayor se siente en una mierda de silla como esta.


- Señor, yo no tengo novia.


- ¿Ah no? Qué suerte. Entonces quiero que me cambies esta mierda de silla. ¡Es que no lo ves¡ ¡Tiene una pata rota!


- Mil disculpas, señor. Enseguida se la cambio.


- ¡Y tráigame un café! ¡Y un cigarrillo!


- Señor no vendemos café, no hay máquina.


- Hay que joderse, un bar y no tienen café. Pues tráigame algo. Ves, Leonard, la gente ya no respeta nada.


- Hay que joderse, Tom. Más de 40 años en escena y aún no eres capaz de guardar los modales.


- Nada debe perderse, voy a decirle algo a ese camarero. ¡Camarero!


- ¿Señor?


- Tu novia ha muerto, créeme.


- Señor, ya le dije que yo no tengo novia.


- Tu novia ha muerto.


De súbito, el camarero comenzó a llorar.


- Pero Tom, ¿Qué has hecho?


- Lenny, ella nunca podrá detener la primavera.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

¿Palabras? Escuchad mi voz.
Ah, vosotras sois como quien no habla
y lo dice todo.
Escuchadme, dadme vida
y dadme la nada.

Ahora, un segundo callado
en el horizonte, y tu voz
y las voces conscientes del mar
y de la vida.
Ah, vida, tú y las palabras
como el aire me abrazáis tiritando.

Como para hablar callado busco el silencio
y desaparece con la voz de mis pasos.

Sin un grito callado me vuelvo estéril,
y me involucro en un instante.
Ahora es primavera, y nadie canta.
Cantadme, vida, palabras, cantadme.
Y ahora morid conmigo,
junto al viento y el cielo.

Morid, y corramos lejos,
callados, como si no murieramos.

jueves, 28 de octubre de 2010

Ah, mi suerte y el tiempo, y las horas
muertas sin morir, y el miedo.
De toda prisión el preso
y de toda alma el prisionero.
Sólos, el momento y yo.


sábado, 16 de octubre de 2010

Il PICCOLO PAGANINI

Era una noche y Paganini dormía. Era la noche y mi infancia descansaba.


Y le dije al alba: despierta a un viejo violinista.
Y yo desperté y el albor me hablaba.
Desencajé la madera de la alcoba
que encerró el alma y mi vida.
Mi sencillo sueño de dioses.
Hablaban, y otra vez desperté.
Era sueño, albor de todos
y se abrió la nada.

miércoles, 13 de octubre de 2010

SIN PALABRAS PARA MORIR

Sin palabras para morir sigo vivo,

en este instante mis palabras

no permiten mi muerte.

En este mismo momento

de viento sin bravura,

de llantos sin miel,

de abrazos sin piel morena.

Nadie permite mi muerte

porque sigo vivo.

En los versos y en todo

permito que se llore y que mi piel

arrastre las lágrimas.

Mis manos me dieron el mar,

y los labios pesados del invierno

me abrazaron con nieve.

Pido silencio, en este instante

de orugas sin hogar.

De saliva sin techo buscando

dientes solitarios,

e incluso encías.

Viviendo por veredas desoladas

que lloran conmigo.

Camino por esa larga acera de barro,

y nadie me ignora.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

LAS ÁNIMAS




- ¿Tienes frío? No sufras, abrígate.

La lluvia lloraba, sedienta, a los balcones heridos por la calle. Su calle. -Inténtelo-. Era todo una clave, pero no bastaba. La calle era lluviosa, sin fuego. ¿Nada ardía? Lo siento, ya no queda nada. Ahora escúchame. O no. Yo ardo. Tú, quizás. Llueve. Buenos días a todos; almas, vosotras descansad. Ayudadme, estoy inquieto. Me levanté esta misma mañana sin sol. ¿Tenéis fuego? Consoladme. Os ayudaré a vivir, si queréis. ¿Venís? ¡Qué alegría! ¿Sois reales? Lo imaginaba, pero sois como en mis sueños.

La lluvia se desvaneció, muy lentamente. Pequeñas, almas, pequeñas; mi misión os busca. Escuchad, ahora estad muy atentas; es muy importante vuestra atención en este momento. Justo en este. No os preocupéis. Primero, cerrad los ojos. Imaginarlo. Nada, no veáis. Sed totalmente puras, y ahora es el momento. Volved cuando creáis necesitarlo.
Y se fueron las almas ciegas y quedas. Locas las llamaban, salvajes, endemoniadas; e incluso algún pobre diablo llegó a sentir lástima. Estaban indignadas. Pero, ¿Tan pronto os rendís? Seguid el camino, no tengáis fe; tan sólo confianza. Será suficiente. Ahora, ¿Qué buscáis?

No entendían, nadie entendía nada. Pasaron como aviones los días por las horas, y las horas por los meses, y los meses por los años. El mundo perdió la vista o ellas perdieron al mundo. ¿Son ellas? Tranquilas eran y estaban y miraban. Almas, escuchad ahora. Nada recodáis. Olvidasteis el mundo, nada os retiene. Ahora sed libres. Pero antes, venid. Debéis nacer en silencio, con las flores y los campos, pero sin ellos a la vez. No procuréis entenderlo. No podríais.

La lluvia nunca volvió, pero en la lejanía me esperaba algo. Debía encontrarme con el amor. Las almas habían nacido ahora, y yo me acercaba más al horizonte. El horizonte era el olvido, y el olvido no existía. Ahora, el beso, la ciencia, la saliba, el dentífrico, los ensayos, la novela y una vida. Dejadme ahora. He de caminar con el viento y el horizonte está lejos, muy lejos. El camino, el hogar, el deseo de ser un propio mundo, y que no existiera más que el cógito sería como una flecha en las entrañas. Mintamos, las almas nacieron. Ahora nadie puede recordar, a no ser que viviendo olviden la vida. Como el horizonte que busco, la luz y el mundo próximo a nacer y tiende a olvidar. Amad, almas, amad. El horizonte se aleja mas yo ando y no puedo. Pedid que os olviden, y olvidadlo todo. Mi mente, ¿Amor? Horizonte de amor desciende y asciende por el cielo y las nubes. Ahora, callad. Camino, mi hogar, camino por la amarga avenida. Y estoy solo.

martes, 17 de agosto de 2010

CAMINANDO




Un segundo.
Ahora pudo romper el viento.
Tan sólo las manos, y unas tijeras inventadas;
en sus ojos, la vida.

Maneras y maneras de un consuelo sin aviso,
allí, donde el mar ha muerto,
y de la vida quedan los sueños.

Mira, ahora te aviso.
En el corazón de un hombre inquieto
no quedaron restos de nada.
Sombras.

Caminé por el estrecho sendero
que me unía con las luces de ventanas perdidas.
Ahora, un segundo paro.
Encuentro un abrazo debajo del bolsillo,
y me lo guardo callado antes de mover los pies.
Es un monstruo, ya no veo.

OBSOLETO




Sol, mira
como tu sombra quiso
y tú no quisiste;
para abrigar el viento
con fuego que quema y sigue vivo.

De noche, como en invierno,
nadie canta.
Pero es ahora y yo
el momento y el hombre.
Corazón salvaje te volviste y pronto
lloraste.
Corazón de miedo te fuiste y no volviste.
Oh, corazón amargo de vino;
amigo, no llores.

De noche, como en invierno,
nadie canta.
Pero nadie es ahora, y yo
soy nadie y pido fuego.
Corazón y alma, amad la vida.
Corazón amargo lloraste,
y te dijeron.

De noche, como en invierno,
nadie canta.
Lloran las esquinas,
y hablan, corazón, ellas
solas, tan sólo con la voz.

Y tan de noche, como en invierno,
se tornó la luz del sol sin embargo.
Tan frío, y tan de noche
que la vida fue en silencio mi consuelo.
Tanto frío, que lloré
y amargué el corazón dulce de los hombres.

Avivé el fuego, de noche, tan de noche
como en invierno.
Y ahora, corazón, es de noche,
y el invierno es triste.

viernes, 23 de julio de 2010

Esta noche alma, seamos
como éramos: dos.
Hablarán de mi llanto,
y mi llanto quedará escrito.
Entre el fuego y la niebla
volaré como un ave presa del viento
y de la vida.

Bajo el árbol de la ciencia
desearé mi muerte y moriré.
Seré como un peregrino soñador y ansioso.

Créanme, oh, mortales lectores:
les hablaré del miedo con temor
y asustado me lanzaré hacia sus bocas
y además callado.

No me oigan; no quieren.
Sean conmigo, sólo eso.
Ahora, riamos y miremos el mar.

Las nubes cargadas;
mi sueño lejano y
el horizonte no lo es tanto;
como para aprender a llorar, y lloré.

Lloremos juntos con la lluvia,
en este pozo llora el viento conmigo.
Ah, dichoso aquel que vino.

¡Enseñadme, sombras, a ocultarme!
Yo os enseñaré la luz para morir sin miedo.
Os enamoraré y os dejaré descansar.
Tras haber vivido conmigo lloraréis.
Lo juro.
Pero seréis valientes,
y sabréis manchar el alma de los dioses.
Ahora.


domingo, 20 de junio de 2010

PUNTO

No hay nadie, en el silencio.
Una voz de mi silencio ahogado
que se ahoga conmigo.
Mi silencio, que me estima cuando sueño
y mi sueño que me olvida.
Soñar es soñar.
Como soñaron los hombres silenciosos.
Llueve, mi niebla
en mi silencio.
Aparto, mirada,
lloro pasión de vida
y árboles lejanos que me ahuyentan.

Viví. Tan sólo viví
mi silencio,
espira temporal.
Se oía callado y soñé de nuevo.

Viví para ser vivido
en mi poesía.
Viví para mi silencio,
en el silencio de todos
cuando vuelven a llorar.
Olor a calles mojadas, y la lluvia.
Recuerdo mi silenco,
lo recuerdo todo.
Viví, y de haber vivido
me llevo conmigo mi vida.
Viví tan sólo para ser vivido.

jueves, 17 de junio de 2010

Y MI ALMA

Donde busqué mi locura,
callé; callé para hablar
pausado y romper los días
con la mente y su recuerdo.
Voy más allá, testigo
preonderante. El cenicero
me cortaba los labios, y el
alma de las aves gritaba al
viento mientras moría. Huí,
huí tan lejos que me dolió la
vida, y enloquecí de rabia
cuando me miraron
demasiado.

Ah, rauda mi palabra.

Y entonces era la vida. Los
segundos, y mis días eran
como fuego ardiendo
lentamente en las posadas
donde viejos trovadores
empeñaron su alma. Fue la
vida quien me arrancó las
lágrimas.
Mas volvieron mis minutos a nacer,
y fueron mis lágrimas tan
alegres y furiosas saltando
el fuego de los días.

Lágrimas que ardieron conmigo,
y que se fueron quedando para abrazarme.
Fue quien me abrazó,
y sentí a mi alma como sonreía
y lloraba de emoción.

Ah, la vida volvió
con ella, y sus lágrimas
y las mías; cogidas
entre tanto, cogiendo
la vida, como almas
pequeñas que vivieron de nuevo.

sábado, 12 de junio de 2010

INCISO

¡Llueve! ¡Llueve! ¡Llueve!
Y mi verso grita al cielo.
Ay, la vida; y no responde.
Ay, la muerte; y paso hambre.

¡Llueve! ¡Llueve! ¡Llueve!
Y por mi verso sopla el viento.
Ay, me duele lo que observo, pero observo.
Ay, ya nada me hace daño por el tiempo.

¡Ya no llueve! ¡Ya no llueve!
Y mis lágrimas con versos de nostalgia.
Ay, mi alma se rompe ferozmente.
Ay, la vida y mi alma incandescente.

¡Ya no llueve! ¡Ya no llueve!
Y mi sueño llora con el viento.
Ay, ¿Qué me dejó por vivir el tiempo?
Ay, os regalo, lector, este lamento.

martes, 8 de junio de 2010

EL ESCALÓN ( I )




Y en la sombra mueren genios sin saber de su magia, concebida mucho tiempo antes de nacer (Duncan Dhu).


Subí las escaleras con la esperanza de encontrar la calma. Ah, la vida; y lo duro que me sería decir lo peligroso que era cada escalón. Eran cuatro. Cuatro, tan sólo, y vacilé: pensé demasiado.

Amaneció lentamente en aquel valle de lágrimas. Era un desierto inmenso, tan inmenso que el universo se encogía ante sus pies cansados de habitar la existencia. Arriba, en la cima, la cumbre de los escalones, había un hombre tan alto que todo era pequeño. Mi vista sólo alcanzaba hasta su cintura, pero pude oír su voz. - ¿Quién va? – dije gritando.

- ¿Osarías malhumorarme? ¿Crees que no soy real? Atento ahora, oh, mortal; mírame bien. No te diré cómo has de subir los escalones, ni en qué has de pensar. Mas te diré una frase que te dará la solución. Atento: “Hoy ha nevado”.


Tras esto, el gigante desapareció. Cuán horripilante resultaba ahora la vida. Mas caminé sin miedo. Me rasqué mil veces la cabeza, pensando en los motivos de mi tormenta interior. No podría saberlo, nada tenía que ver con la nieve. Absolutamente nada. No encontré a nadie, tan sólo al viento que horrorizado poblaba la inmensidad. Me senté, piernas cruzadas, frente al primer escalón. No era más alto que una caja de zapatos, pero por algún motivo extraño, cuando me decidía a superarlo, mis piernas se engarrotaban y caía al abismo. –Oh, vida perniciosa-, me dije. Suspiré.

Entonces volví a pensar en la frase. ¡Nieve! ¡Maldita nieve! Aquí, en el desierto más vacío. ¡No! No es posible. Ah, paradoja.


Seguí parado frente al pequeño escalón. Pero ahora mi mente que callada ardía descubrió un pequeño símbolo. Un copo que miraba fijamente mi rostro. Fruncí el ceño con desesperación y rabia. Levanté mi cuerpo y proferí al cielo agresivos insultos que al viento y a las nubes asustaban. Me eché en el suelo y comencé a rodar, hasta que una piedra golpeó mi cabeza. De pronto vi una inmensa tormenta de nieve; áspera, fría, que rodaba por mi cuerpo. Levanté, y no sabía nada. La nieve lo poblaba todo, y los escalones habían desaparecido; y me volví a perder. Caminé, caminé tanto que perdí la senda que había cogido.


Mortal entierro es mi llama que la nieve apagaba. Agotado, caí suavemente en la espesura. La nieve me enterró con suavidad. Pero antes pude ver el escalón de nuevo frente a mí, en lo alto. Y el valle de nuevo desierto y soleado. Ah, cuán confusa mi mente ardía. Intenté caminar hacia arriba, pero era imposible.


Seguía nevando, y conforme la nieve crecía pude ver como me acercaba al escalón. Sonreí, ahora, como un iluso. Estaba tan sólo a unos metros, y paró de nevar. Salté para intentar agarrarlo. Pero no alcanzaba. Llorando de rabia, me senté en la pared. Me vi en la misma situación, parado frente a mi más puro objetivo. Pero algo había cambiado. Ya no estaba grabado a fuego el copo de nieve en el escalón.

sábado, 5 de junio de 2010

CON MI VERSO LLORANDO




He aquí, palabras que poderosamente escritas
me hacen acordarme de mi vida y de mi muerte.
Aquí de la vida y el viento;
profesor no he sido sin embargo de un público iracundo
de malas lenguas y doctos ensayos.

Mas paséme de largo en la vida:
¿Qué de bueno quedó?

Ascético trovador, mi yo enjuto;
te cantaré con mi verso llorando.
Allá donde el platónico incendio de Satán
dejó la saliva al poeta
con nauseas de un existencialismo que lloraba.

Más calma daría el sabor de un cielo
podrido en las montañas.

Busqué mi hogar.
Encontré las hojas muertas,
y los deshonorados labradores
del campo de trigo.

He aquí, memoria ardiente, cómo pasa la vida.

A ANTONIO MACHADO




De maestría y enjuto verso
poblaba sin miedo el poeta al viento.
Maestro y capitán de lenguas
que abrían paso a los dientes labradores
de paladares muertos que abrasaban la boca.

Fuiste, capitán sabio, iracundo,
sembrador del miedo y la pasión;
como un día llenaste las almas de poesía
y quebraste el verso que te ataba a la muerte.

Labrador de papeles áridos y corazones
pulidos:
diste vida a la filantropía.
Como amaste, poeta, la escarcha de los campos;
y enseñaste a amar a los olivos.

Besaste el limonero.
Escribiste, y tu alma quedó escrita.
Muere el ave que rompió con sus alas las nubes más espesas,
mas con tu verso supiste romper su miedo
y devolverla a la vida.

Maestro, capitán de lenguas,
enseñaste al cielo el secreto de volar.
Escribiste, y tu verso quedó muerto.

Mas con todo, y hablando raudo y rapaz
de sueños enjutos,
fuiste, sin embargo, de sangre pura
cantando a las almas en secreto.

De odas y alegrías llenaste
la vida de mi alma.

Vivieron herejes y santos a tu espalda,
mas siento a penas, y te hablo, oh, poeta,
para mostrarte mi vida.


jueves, 6 de mayo de 2010

Pues la vida sueña
y yo no la sueño.
Porque todo sueña,
y no me sueñan.

Y de la vida su cuidado
y sus llantos de amor.
Y mi vida, junto a todo,
con mis vidas; las mías
mezcladas y abandonadas.

Mi cuerpo dejará de la vida su recuerdo;
inerte y frío, y tan viejo como el viento.

sábado, 1 de mayo de 2010

KIND OF GREEN



Reí con el viento y su enemigo. Reí, por la vida; por mi vida. El amanecer me abrigó mientras dormía. Abrí los ojos, muy lentamente. Quedé, sin paso, callado. El viento bailaba al son de los árboles, y sus idas y venidas morían cada vez que lloraba el cielo. Este suspirar que suspira entre los campos, y este malhumor que lo acompaña. Mentí al cielo, y a mi calma sonreí. No volví a encontrar mis sueños en la vida de mis días. No volví a mentir. Reí con el viento; y hablé con su enemigo. Todo pasó rápido. En un segundo ví venir los rayos que amenazaban con matar la noche, y pasé desapercibido. Lloré como un alma que llora por no tener abrigo, hasta que el sol nació por completo. Estiré lentamente mis brazos, tan lentamente que si hubieran conocido mi vida las gaviotas no hubieran pensado que estaba muerto. Miré de reojo la vida, y hable con ella y con las aves. La vista de la ciudad temprana, y la espesura de mi mente en mi espalda. Todo pasó rápido, como una vida que se estrella ante los árboles. Como un sueño que muere tras firmar su sentencia, ante todos los que viven de deseos y Dionisos alaba sus almas. Pensé llorar de nuevo, pero reí. Reí con el viento y su enemigo. Como cuando mi vida era mi vida, y mis abrazos mi castigo.


domingo, 18 de abril de 2010

PALABRAS QUE NO VALEN NADA

Valor para el camino.
Valentía y coraje.
Valor para el camino.

Soy como el cielo que nunca quiso suspirar;
soy como el cielo,
y a veces suspiro.
Soy trovador cansado y sin lengua.
No canto. Ya no canto.
Soy como el alba tempestuosa.
Soy poeta para el alma viva.
Soy basto como el viento.
Yo soy como el bravo capitán
que habló sobre la vida y el cielo.
Yo soy docto como el libro de bolsillo.
Yo hablo con la mano en la boca.
Yo sueño.
Como para soñar busqué mi olvido;
para soñar, soñé.
Yo vivo.
Yo muero inquieto.
La vela me hace verme a lo lejos;
la velo cada noche
para acercar mi olvido.
Yo vivo.
Bastan tres versos:
Yo nazco
Yo vuelo
Yo muero.
Basta la vida.

Yo viví como el alma de mis versos.
Yo viví cansado.
Aún no he muerto.
Yo moriré.
Aún no he muerto.
Yo vivo.
Yo sueño.
Yo escribí de la vida y el alma.
Escribí, y dejéme escrita
mi palabra.
Un olor; el olor de la poesía.
Heme ahora, olvidado,
heme ahora.
Docto olvido, mi palabra
es pequeña;
mas cuando abraces mi vida
seguiré dormido.
Heme ahora, soñador
de versos.
Heme ahora.

martes, 23 de marzo de 2010

A tí, lector impasible
que leiste este poema junto al viento,
te obsequio una pequeña parte de mi vida.

Te contaré mil cosas en palabras.
Sabes, soy joven, apuesto
y lleno de sueños que descansan.
Oh, lector ingrato, soy un alma
como la tuya, que te mira
cuando lees mis versos.
Poeta, ¿Lo eres?
Si así es mírame con cierta discrepancia
y lo entenderás todo.
Si no háblame de tus llantos
y te convertirás, poeta.
Volvamos a buscarlo todo,
nuestra alma,
y nuestro sentido,
y entonces, pequeño lector,
quedará la vida frente a tí.
Permitirás con orgullo a estos versos
que te acompañen sigilosos
hacia donde vallas,
y vivirás lo suficiente como para olvidarlos.

Mas no me tomes por loco,
rápido me voy.
Queda en paz, lector imaginario.
Parto ahora,
para que camines sólo y busques la verdad.
Huye, y habla de todo.
Volverás a entender la vida,
volverás a mirar por detrás de todo,
como seguro que siempre has hecho.

lunes, 22 de marzo de 2010

ARRIBA

¡Dejadme!
Dejadme volar al paso.
Que mis piernas lisonjeras
vuelen alto.

¡Dejadme!
Piedad pido, piedad, lector,
si me miras ahora
sabrás de todo.

Mas te digo que me dejes,
no me entenderás sin nadie
no, no me entenderás con alguien.

OH, piedad pido,
mirad mis llagas y decidme otra vez:
vuela alto.

domingo, 21 de marzo de 2010

(Vengo a hablar de todo)

Vengo a hablar de todo con todos.

Fui en mi vida lo que no pude ser,
mis versos se asemejaban a su rima,
¿Y te compadeces? Oh,
si tan ruin fuera el quedarse
y el no quedarse.
¿Cómo? ¿No reís?
Nunca fueron mis deseos
como tus manos.
Nunca se nubló nada en nosotros.
Parecía todo a veces y me encantaba
sentirme lejos y cerca
y llorando como un niño.
Pero acabó la vida en nuestros ojos.
Me mirabas,
y yo te compadecía atónito
por todo, por todos,
casi llorando
y lanzando versos a tu boca.

Pero acabó la vida,
y se inundaron nuestros ojos.

Entonces fuimos formales,
todo era correcto,
ni un pecado, ni miles
de horas sufriendo por nada.

Demasiadas las horas junto al fuego,
tan helado que por tópico lo digo,
y me canso de decirlo.

Pues se acabaron las rimas,
entre las sombras de tu vida,
y en las líneas de mi muerte.

domingo, 14 de marzo de 2010

Y ELLOS TE HABLARÁN

Mis lágrimas son mis besos empapados en sudor.

Oh, fui, seré, y sí,

a veces recuerdo

que lloré frente a los árboles en otoño.

Mil veces; mil, y a veces

tantas que no recuerdo.

Oh, cuantas veces fui

Y tú fuiste en mis versos mi dolor,

Aunque admira mis cantos

Que hierven de rabia y lamento.

Porque no caerán presos de la vida,

Serán, al margen, otra.

Y temblarán.

Temblarán por verte,

Mas no tienen miedo.

Son presos de la vida

y a la vez libres de todo.

Son ideales, amores minuciosos

que hierven en silencio.

Son ideales

que no mueren.

Tranquila, mujer, serán ellos

quienes te abracen por la noche,

cuando sientas a tu alma embriagada en el silencio.


¿Los notas? Ahora te tocan

con sus gritos de deseo.

Y te hacen temblar por nada.

Serán una inquietud.

Te abrazarán, y te besarán.

Te miraran tanto que enamorada

los mancharás de lágrimas,

y serán tu llanto secreto.

miércoles, 10 de marzo de 2010

(Qué alegría el no saber como)




Qué alegría el no saber como
saber de todo y nada.
Que de vinos mi alma se alimenta,
y de almas mis vinos, con absenta
remezclados entre llantos.

Oh, cuanto, y tanto fue
lo que no llamamos, a pesar:
Amor.

Que descanse el alma gélida y robusta;
Mis ingrávidas oraciones
de pasto y paso se desgranan,
se mueren, y gritan al viento.

Mas no, no me lleves, alma, a llorar
tan lejos.
Déjame escuchando el viento,
que mi piel sea una manta revestida
de miel y otras sustancias;
por un día de lluvia seremos
como hermanos.

Mas no, no me lleves, alma, a sentir
lo que un día llamé esperanza.
Fue tanto que ni fue ni nos miramos
tras ello, ni otra, ni más, ni una vez.

Nuestros ojos, viejos trovadores,
hablaron tanto que dolió
el no tenerte.

Mis palabras son y fueron lo único que me quedó,
y qué alegría tan calladas como hablaban
buscándote.

Mas no, no me lleves, alma, con amor.
Serás mi vida y mi muerte,
y tanto, y más, por un instante,
y menos serán las rosas viejas peregrinas
de la mansión de un sueño.

Mirarás el pasto gélido y robusto
como gélida es tu boca,
me matarás tras haberme sentenciado,
me humillarás y arrancarás
de mi cuerpo todos mis sentidos.

Serás el mar, vivo y presente,
serás lo que arrastra mi vida
y mi vida arrastrará tus besos.

Serás todo, mas no, no me lleves,
alma, sin amor.
Que seremos desgraciados,
mas tendremos lo que un día, a pesar,
llamamos de ese modo gélido,
como tu boca y mis besos.

Amor serás amor de mis recuerdos,
y mi pena, como al tiempo mi vida.
No vivo si no es por lamentos,
la razón, piel de mi existencia,
morirá callada en la espesura,
y te hablaré con la mano sangrienta
pervirtiéndote, atentándote,
corrupto, inmoral.

Detrás del fuego nos abrazaremos
con tanta furia,
y seremos, como fuimos,
nosotros, alados,
la muerte en gélidos abrazos.




martes, 9 de marzo de 2010

(Como rayos se fueron en bandada)

Como rayos se fueron en bandada
los que fueron tan cerca de los ríos;
que un alma en vela cuente lo vivido,
y a mi pesar mi vida será nada.

Cuando entiendan y malvendan aladas
las rosas mis entierros que he morido
desatarán la furia y tan mordidos
quedarán a un paso de mis alas.

Aquí mi beso será presto y raso
y las flores, y vidas, que les mienten
los sueños cuando vuelan a su paso.

Aquí mis sueños que pesados mueren
de nata revestidos Dionisiacos
disputando las alas a las Keres.

domingo, 7 de marzo de 2010

TANTO NOS DOLIÓ


Toda la vida es un caminar cansado por los senderos moribundos de la muerte. Pasé, es cierto, desapercibido, cuando la calle estaba desierta, y mi mente tan sólo pensaba. Tan sólo eso. Percibí olores, olores de todo. Palomas moribundas que escriben la poesía del viento, el olor a tierra mojada en la espesura de los ríos de la ciudad. Morí un poco cuando supe que debía de seguir caminando. Pero tuve que seguir, aunque pausado. Incluso tiritando. Las farolas comenzaban a apagarse, quizá demasiado temprano. Todo era tan pequeño que mi vida me resultaba pesada. Las calles, y las aceras, estaban muertas. Confiaba en que un coche me aplastara con rabia y dejara mis sesos de alimento. Pero no ocurrió. Seguí caminando hasta caerme al suelo. Todo se apagó.

Cuando desperté vi una sonrisa ante mí, que huyó con pausa al ver que despertaba. Era tan bella que me temblaron las piernas, y corrí, corrí tanto que la alcancé. Le dije: “Perdona,…perdona”. Me miró pausadamente, volvió a sonreír y me cogió de la mano diciéndome que no me preocupara. Entonces le di las gracias y me dijo que la acompañara. Me llevó hasta un puente sobre el río. No hablábamos, apenas hacíamos nada. Tan sólo, a veces, me engañaba. Pero yo no era joven, a pesar de mi aspecto. Como un tipo educado la despedí, aunque ella me agarraba cada vez más fuerte. Intenté soltarme, pero no pude. Entonces, me habló por segunda vez.

-¿Por qué te vas? ¿Por qué tan pronto?

-No lo sé, estoy perdido. Veo el mundo tan de lejos que no lo entiendo. Sabes, tú me encontraste tirado en la calle, y me acogiste por pena. Y no quiero ser compasión de nadie, no necesito para nada tus miradas de empatía. Tan sólo quiero huir, huir tan lejos que nadie me encuentre. Porque ya no me queda nada, y me canso de mirarlo todo y ser un ente aparte.

-Y si estás tan solo, ¿A qué tanto esperar? Mira, el río sigue su corriente abajo. Te dejo el paso libre para tirarte y acabar con todo esto. Tan sólo tienes que dar un paso más, y estarás liberado de esta soledad. Ahora irás con quienes quiera que te dejaran solo. Aunque ya no me tendrás a mí, ni a mi empatía. No tendrás la sensación de una vida austera, pero te quedará por conocer a la muerte. Y ella, querido amigo, es la que tendrá la última palabra.

-Bien sabes que no lo haría. Lo sabes, aunque no me conozcas demasiado. Tan sólo sabes de mí desde hace unos minutos, pero intuyes que tengo miedo a todo, y que la muerte me aterra. No soy tan valiente para el suicidio, lo admito. Quizá no estoy hecho para nada, ni siquiera para la muerte.

-Bah, todo eso es una pésima excusa, una excusa tan frágil que da pena oírte. Yo soy como tú, aunque no lo creas. Y sí, tengo familia, y amor, y tengo un recuerdo alegre y que no me atormenta. Y mi presente incluso es increíble. Te daría parte de mi vida, te lo aseguro, si pudiera. Pero no la necesitas.

-Y tan afortunada, ¿Por qué me has de decir eso? Yo soy austero, solitario, y perdí el amor. Mi recuerdo es un tormento tan grande que me encoge el alma. ¿Dices que eres como yo? Tú no eres como yo, nadie es como yo. Para ser como yo necesitarías ser mi misma persona, pero nadie es en vida tan parecido.

-Si tan seguro estás dímelo todo, huye, huye de aquí, déjame, y no me tendrás. Me perderás tan suavemente que ni te acordarás con el tiempo. Pero ahora dime, dímelo con seguridad. Dime con fuerza que ahora no me cogerás…-Se dejó caer hacia el río con los brazos extendidos. Corrí, corrí tan rápido que ni yo creí ser yo. Y entonces la sujeté con fuerza antes de que su peso la empujara.

-Estás enferma, estás loca, eres…eres…una histérica. Pero, ¿Qué demonios te ocurre? No sabes que podrías haberte matado. Si no hubiera intervenido a tiempo ahora serías pasto de la muerte.

-Pero ahora me tienes entre tus brazos, y yo sabía que me salvarías, podía confiar en ti. Porque aunque no lo creas, te has enamorado de mí. Y yo también te amo. Porque yo no tenía ni familia, ni amor, ni buenos recuerdos hasta que te conocí. Tú ahora eres toda mi vida, al igual que yo lo soy para ti. Y por eso me has cogido, porque si me cayera sabrías que habrías perdido lo poco que tienes en este mundo.

-Definitivamente estás enferma. Pero te diré que esta vida ya no nos pertenece, estamos atados a todo, privados de todo. Sabes, antes, cuando me conocías un poco menos, intuiste que no podría suicidarme, que no tendría valor. Y era verdad. Pero, aunque tuviéramos una gran historia, ¿Qué sería del uno cuando el otro muriera? Sabes, no merece la pena esperar.

La besé, la besé por primera vez mientras caíamos juntos hacia el río. Suspiré de rabia antes de tocar el agua. La corriente nos devoró con dulce furia, quizá el mar nos acogió lentamente, y tan callado que nadie se alteró. Lo fuimos todo en un instante, y tan raudamente volamos que nos sentimos como en casa.



viernes, 5 de marzo de 2010

NACIDO PARA SER SALVAJE



Ayer volví a ver Easy Rider. Recordé América y, aunque nunca he estado allí, no pude evitar sentirme muy cerca de Peter Fonda y Dennis Hopper. Toda mi infancia ha sido un recuerdo, un alma entristecida, y una vida, tan sólo. Recuerdo mis meses de verano. Y tantos, tantos abrigos en el invierno. Negros, blancos, y grises. Pero el rock and roll llegó mucho más tarde. Y llegó tan fuerte que fue inutil resistirse. Fueron mis pioneros The who, llegaron luego los Credence, Iggy Pop, Nirvana, The rolling stones, Burning, Jerry Lee Lewis, Elvis, Ten years after, Lynyrd Skynyrd, Boston, Status Quo, Mooth the hopple, David Bowe, Steppenwolf, Led Zeppelin, Los Rebeldes, Kiss, The guess who, R.E.M., Free, Ramones, The Clash, (...)

Y tantos se alojaron en mi alma que no pude evitar sentirme tan raudo como optimista. Sí, lo diré, me enamoré. Mi vida eran seis cuerdas moribundas. Y mi alma fue ella, sonrojada y pálida. La llamaba Les Paul, aunque no fuera original. Y mi pequeño amplificador dándole aire y notas que me llenaban de orgullo.

Siento el ser asiduo como una mirada lasciva. Me agarra de las piernas, me mata a veces, me encarcela, y me libera al tiempo. Me toca la espalda, y me quema. Me abraza a veces, con suave benignidad.

A veces la recuerdo desde lejos, y a veces también descanso, y me canso, y lloro. Mi vida, oh, W.W. si tus palabras me hirieron, más me hirió la daga del deshonrado en mi pecho.

Y fueron en mi vida palabras, tan sólo. Y lo confieso, ¡Qué demonios! Nunca fui un tipo educado. Lastimé mi alma, y la enriquecí. No me importó nada, y en un instante me importó todo. Fue todo tan rápido que ni dolió, y lo sentí todo. Mi vida fue una piedra. Una piedra tirada en el río, corriente abajo, muriendo cada vez más rápido. El mar no está muy lejos. Todos me miraron por un momento, yo era pequeño.

Me volví a enamorar pasados los años. Y esta vez fue peor. Me sangraban las manos, y a cada instante moría, moría por no poder tener nada, moría por ser salvaje, y por haber nacido para ello. Por eso escapé, y me marché muy lejos. Y volví a ver Easy Rider, y me acerqué a la libertad, por un momento, suspiré. Como un alma envejecida, cansada del tiempo. Y de todo. Como todos, siempre.

Fue todo en un instante. Tan sólo.

miércoles, 3 de marzo de 2010

(Noche, con la ropa cargada)




Noche, con la ropa cargada
vengo a visitarte.
No es por mí ni por nadie;
mi visita pertenece a la vida.
Es por vivir por lo que vengo,
y por llorar lo que no hallé
al llorar lo que no tengo.

Noche, oh, cargada de engendros
y de solas soledades
que aspiran humo de las nubes
sin beber de sus lamentos.

Noche, oh, noche, noche llena de lamentos,
eres en vida lo demente de los cielos,
cielos moribundos, ruines, y cargados
de nubes muertas e invisibles a los sueños.

Diré de los vagabundos su objetivo:
Una vida,
un amor,
un recuerdo.

Fueron, lo diré, los amos de la noche,
fueron víctimas, y fueron vencedores,
fueron todo, y lo fueron antes.

Ahora, hablaré, son pequeños.
Amor, Amor
fuiste tú callado
quien me dijo que me acercara.
Y entre tinieblas y fuego
fui víctima del silencio.

¡Oh ruin! ¡Oh tenebroso!
¡Oh vano ardor vano ante la lluvia!
¡Vano por todo, ante todo!

Y vanidad banal ante la vida,
fuiste tú vida quien me advirtió de lo incierto,
como la muerte vino tan callando
y tan raudos se acercaron los lamentos.

Amor y fuego helados
en mis llantos se asemejan a las piedras.
Esquinas, esquinas
mueren por tenerte
y llorarte demasiado.

lunes, 22 de febrero de 2010

ELOGIO A LA VIDA

Vida, vida mía, perdona;
perdona si te he herido.
Temiste quizá de mi aliento las palabras
que ansiaban tu muerte.

Despedacé con susuros sus cuerpos,
hablé tan bajo que callé
y murieron al paso.

Oh vida mía, lo siento.
Fueron rápidas mis palabras,
y me alejé tanto...tanto que dolió.

Por no podernos poseer
un alma vino callada conmigo
y se fue.

Vuelves, sí, hoy vuelves conmigo
y me abrazas esta noche;
Vida, vida mía.

domingo, 21 de febrero de 2010

(Marcharé, amigos, marcharé)




Marcharé, amigos, marcharé.

Y me escucharéis, quizá.

Aunque despacio

habré de ser discípulo del tiempo.

Marcharé y sí, será

para no volver a veros,

amigos.

Marcharé tan despacio

que el viento me guiará por la espesura.

Marcharé, aunque despacio,

y os aseguro que me costará volver.

Pero tranquilos, amigos, tranquilos;

vosotros también volaréis lejos.

Quizá no despacio, ni rápido.

Quizá tan sólo voléis para no volver,

y viajéis conmigo y con el viento.

Y yo seré, seré tan viejo

que una eternidad impura

me agarrará fuerte las manos,

como si fuera frágil, amigos.

Volveré con el pan entre los brazos,

y volveré despacio, y callado.

Quizá vuelva y seamos distintos,

mañana, u hoy.

El tiempo acabará.

El tiempo amigos

nos llamará extrañamente a pasear.

E iremos con él, tan callados

que no querremos escapar.

Oh amigos ¿Lo sabéis?

Somos como el viento que nunca quiso volver.

Somos piedras y fuego y llantos,

Como dos gotas de agua en un cristal.

Pero volveremos, amigos,

mirando orgullosos al cielo,

sintiéndonos puramente vivos.

Volveremos a reírnos de la vida

y tras haber recorrido millas con el viento

seremos como hermanos.